<%@ Language=VBScript %> Cementerios


 

 

 

 

 

Concepto

La historia de los rituales funerarios, es tan antigua como la aparición del hombre sobre la tierra.

En la época prehispánica esta práctica estuvo ligada a las culturas, por su idiosincrasia politeísta, que siempre fue la de la dualidad: el nacer y el morir; el bien y el mal. Esta idea fue confeccionada para honrar a sus dioses, imprimiéndole un sello característico en cada región de mesoamérica; pero la finalidad seguía siendo la misma: el morir sé convertía en un renacimiento cotidiano.

De esta manera encontramos Tumbas que fueron para los antiguos mexicanos, verdaderos depósitos para la "madre tierra".

CEMENTERIO

El primer camposanto, cementerio o panteón, fue construido como todos los de su época, al lado de la capilla o templo, donde sepultaban a todo cristiano.

Fueron los padres franciscanos, radicados en el convento de Etzatlán, que realizaron la conquista espiritual, catequizando a los indígenas de esta región.

Desde la creación del convento de Etzatlán en 1534, las visitas espirituales a Amatlán, se comenzaron a realizar no con una regularidad de periodos cortos. Fue en los cincuentas del siglo XVII, cuando se intensificaron los viajes de la orden franciscana, construyendo una capilla en Amatlán, para prestar servicios esenciales del culto religioso.

En 1755, año en que el obispo de Guadalajara Fray Francisco de Sanbuenabentura, erige la parroquia, nombrando como primer cura a Vicente de Velasco Villaseñor, él recibe el templo en malas condiciones, cuyo cementerio se encontraba al lado sur de éste.

Fue el segundo cura, José Domingo Figueroa, que realiza pequeños arreglos al templo y camposanto. De 1783 a 1786, se registraron 220 entierros, de los cuales 135 eran "menores de todas las clases"; 35 de "párvulos" entiéndase niños; 15 "mayores"; y 35 de "limosnas". Esto denota la demanda de la población de Amatlán, que la integraban en la época 19 poblados.

El cura Domingo Figueroa, solicita al obispo Fray Antonio Alcalde, la construcción de la ayuda de parroquia en Garabatos, durante la vista que realizó a Amatlán el 30 de noviembre de 1786; incluyendo por lo tanto un cementerio.

Para finalizar el siglo XVIII, la parroquia contaba con dos cementerios, uno en Amatlán y el otro en Garabatos.

El 3 de julio de 1863, el cura José María Pérez Sandi, solicita al obispo, la construcción de un nuevo cementerio en el puesto de los Garabatos "por estar este muy apretado de cadáveres", se construye este nuevo cementerio a las afueras del pueblo.

El de Amatlán, sin embargo deja de estar al lado del templo, para ubicarlo también a la orilla del pueblo, en el "barrio de abajo", desde 1861.

Estos movimientos, como muchos otros respecto a la iglesia católica, se dieron durante la época de la Reforma, con las leyes implantadas por los liberales.

Es hasta el gobierno municipal de Galdino Romero Villanueva, 1923 - 1925; cuando se busca el sitio adecuado para fabricar el nuevo cementerio, (donde se encuentra actualmente), que fue inaugurado éste por el famoso Tomasón, sepultándolo, poco antes de haber terminado la obra.

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